Si hay una institución a la que quiero y respeto es a la Universidad de San Carlos, Usac. Será porque me enseñó mi padre la importancia de la enseñanza pública superior, será porque fui testiga de su compromiso y del de cientos de estudiantes y catedráticos en la construcción de una Guatemala más justa. Será porque a lo largo de su historia, la Universidad ha jugado un papel muy importante en momentos cruciales de la vida nacional. Por esas mismas razones es que me he llenado de tristeza e indignación cuando veo cómo la Universidad ha querido ser transformada en un botín para beneficio de grupos de interés con vinculaciones políticas y económicas muy cuestionables. Hemos visto cómo a lo largo de estos últimos cuatro años, las autoridades universitarias han sido partícipes de maniobras de todo tipo y color. Hemos visto el derroche de recursos para hacerse de la dirección de una unidad académica o de la Rectoría, porque son el trampolín para colocar a los peones en el tablero del ajedrez. Y aquí es donde radica el desafío: La Usac está llamada a seguir siendo parte fundamental de la historia guatemalteca. Al saber del inmenso potencial de la universidad pública, conociendo la calidad ética y académica de muchos de sus egresados y estando al corriente del compromiso de la mayoría de quienes integran la comunidad universitaria por librar una incansable lucha a favor de los derechos y el desarrollo humano de toda la población, en especial de la más excluida, es que hay que volver los ojos hacia la Universidad y apuntalar los esfuerzos por la recuperación de su autonomía, su excelencia académica y sus procesos de investigación tendientes a coadyuvar en la solución de los problemas nacionales. Y esto se logra recuperando los espacios de poder que han sido tomados por estos grupos oscuros, que en lo que menos interés tiene es en la Universidad. Las elecciones para la Rectoría que se realizarán en mayo próximo son un paso fundamental en este proceso. Nadie dice que sea fácil, el derroche de recursos de campaña está a la vista, y la utilización de los cargos para agenciarse votos también. En esta elección no se juega solamente el destino de la tricentenaria, sino en buena medida de la institucionalidad del país. Por eso hay que apoyar a Guayo Velásquez y su movimiento de Renovación Universitari
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