La PNC nació con el defecto de origen del mal llamado “reciclaje”, por medio del cual se integraron a lo que debiera haber sido un cuerpo policial totalmente nuevo, ex policías nacionales, ex miembros de la Policía Militar Ambulante (una especie de Guardia Pretoriana, al servicio de oligarcas terratenientes y de la banca, principalmente), y la Guardia de Hacienda. Los tres cuerpos con graves antecedentes de participación en actos de represión (el Archivo policial que fue descubierto en “La Isla”, antiguo centro clandestino de detención y tortura, en la actual sede de la PNC en la zona 6, es una grave evidencia de esto, para sólo dar un detalle); con el agravante de la corrupción generalizada, debilidad técnica y falta de idoneidad que caracterizaba a la Policía Nacional.
Pretender que en cuatro meses, a partir de cursos supuestamente intensivos en materia técnica y derechos humanos se va a cambiar la mentalidad de personas que, con muy honrosas excepciones, durante años estuvieron ligadas a actividades ilícitas, es no sólo ilusorio, sino irresponsable.
Pero dada la gran debilidad de la Policía Nacional, PN, la creación de la Policía Nacional Civil, significó un importante avance para el país. En sus primeros meses, la PNC fue dotada de nuevos uniformes, armas modernas y equipo bastante adecuado para una policía que se respete. Las instalaciones en donde empezaron a funcionar las comisarías, con pocas excepciones, no llenaron nunca las condiciones para alojar a seres humanos que tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad de la población del país.
A pesar de esto, aunque con un espíritu más asistencialista que de respeto a la dignidad del trabajo policial, las esposas de los funcionarios del gobierno del PAN desarrollaron programas de apoyo a la Policía, dotando las instalaciones de algunas mejoras sanitarias y mínimas comodidades para descansar (esto es de vital importancia porque los turnos incluyen horarios corridos y otros en los que las y los agentes deben estar dispuestos a ser movilizados de forma inmediata a cualquier hora del día o la noche.
Pero a pesar de que la PNC fue dotada de armas ligeras de calidad y modernas, la dotación de municiones siempre fue un problema, especialmente porque se supone que las y los agentes se deben mantener constantemente entrenados y las prácticas de tiro nunca fueron realizadas de forma sistemática. A las limitaciones en la asignación de municiones, se agregó el problema de que las viejas prácticas que existían en la PN se instalaron más o menos pronto en la PNC, especialmente los cobros que mandos superiores establecieron para dotar de municiones, asignar a determinados servicios, como auto patrullas, y lugares con más comodidades.
A estos males se sumaron otros, como el abandono del equipo (como los radios de comunicaciones, los que rápidamente dejaron de funcionar por la falta de baterías y de repuestos), y la falta de una adecuada formación policial, más allá del curso básico que posteriormente fue ampliado hasta los diez meses de duración. La falta de formación de oficiales de policía y de investigadores. Pero tal vez lo más grave es que la carrera policial nunca fue abordada con seriedad.
Luego vinieron las manipulaciones a la institucionalidad de la PNC, al extremo que el ex presidente Alfonso Portillo mandó a reformar la Ley orgánica de la PNC, para que un abogado militante del FRG pudiera dirigirla, y las puertas se abrieron para que la corrupción se generalizara en la institución. El deterioro fue rápidamente notorio, y las medidas para corregirlo siempre estuvieron ausentes.
A pesar de que las condiciones indignas en que conviven y trabajan las y los agentes y oficiales de la PNC nunca han cambiado sensiblemente, algunos avances se produjeron en el segundo año del mandato del presidente Berger, con el ministro Vielmann, en el que se impulsó un mal llamado de “carnetización”, a través del cual se mejoraron levemente algunas prestaciones sociales y se agregó un bono y un seguro de vida. Sin embargo el trato que recibieron los agentes se caracterizaba por la desvalorización y el desprecio, ideal para bajar la moral de cualquiera. Sin embargo también se generalizaron prácticas represivas reñidas con la ley.
La participación de agentes de investigación de la PNC, en el asesinato de tres diputados salvadoreños al Parlamento Centroamericano y del piloto de su vehículo, más el posterior ajusticiamiento de esos agentes en la prisión, fue la gota que rebalsó el vaso. Allí se empezó a vislumbrar mucho más claramente el nivel de deterioro que sufría la institución, y los retos que había que encarar.
En el último año de la gestión Berger, en los escasos nueve meses al frente de Gobernación de la ministra Adela Camacho de Torrebiarte, se puso en evidencia que con una mezcla de conocimiento y sensibilidad humana, se pueden lograr avances importantes. La ministra Torrebiarte promovió la dignificación de la profesión y de las personas que integran la policía, facilitó la elaboración de un nuevo modelo policial, con apoyos multi institucionales, impulsó la creación de cursos avanzados, las becas a policías para realizar estudios de post grado, por primera vez se empezaron a impartir cursos para oficiales y se implementó el primer aumento de salario a la policía, en once años de existencia.
Los males de fondo no pudieron ser resueltos, especialmente la penetración que bandas del crimen organizado han logrado en la institución, porque el tiempo era muy corto y a la mayoría de iniciativas de la ministra no se le dieron continuidad de forma seria.
En este gobierno, en que se no sólo no se atacó a fondo la problemática de las “mafias” que todo el mundo sabe que están enquistadas en la PNC, sino de forma absurda se permitió el retorno a la institución de personas que habían salido de ella manchados por su proclividad a actuar fuera del marco legal, pero que por debilidades de la investigación criminal nunca fueron procesados. Los escándalos que han llevado a la captura y procesamientos de dos directores de la PNC en poquísimos meses, son producto de estas inconsistencias.
La convocatoria a crear una Comisión para emprender la Reforma Policial, y la designación de Hellen Mack para presidirla (aunque en la actualidad sólo actúa como pre Comisionada), es el esfuerzo más serio que se ha emprendido para rescatar la Policía. Conociendo la capacidad, tenacidad y firme voluntad que caracteriza a Hellen Mack, parece claro que lo único que hará falta para que el proceso pueda ser exitoso, es que la voluntad política de este gobierno sea real y se exprese en términos concretos. Las condiciones tan indignas en que trabaja la policía se han estado conociendo públicamente gracias al trabajo a fondo que está realizando la pre Comisionada.
La refundación de la PNC ha sido propuesta y convocada con alguna frecuencia, sin embargo esto debe considerarse muy seriamente, porque ni siquiera en la ventajosa coyuntura da la firma de la paz se pudo lograr. Ventajosa en términos políticos, del respaldo social, del respaldo económico de la comunidad internacional y de la urgente necesidad que nos planteaba implementar mecanismos no sólo para superar el problema de la inseguridad, también para fortalecer el poder civil, que históricamente estuvo subordinado al militar.
La Reforma policial debe ser promovida y respaldada por toda la sociedad guatemalteca, a las instituciones estatales les corresponde respaldar con seriedad y firme voluntad este proceso tan urgente.







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