En 1516, Tomas Moro inventó el término utopía que en 1839 fue utilizado por Louis Augusto Blanqui para crear la expresión “Socialismo Utópico” que luego, con aires críticos, fue acuñada por Carlos Marx en su famoso Manifiesto Comunista. En 1892 Federico Engels lo jerarquizó mediante su ensayo “Del Socialismo utópico al Socialismo Científico y Lenin lo consagró al considerarlo como una “fuente” del marxismo.
No obstante, las críticas al modo ingenuo, romántico, moralista y literario de exponer y condenar las injusticias sociales de su época, los socialistas utópicos franceses y el británico Robert Owen fueron los fundadores del movimiento socialista universal que, aunque con explicables limitaciones, fue una respuesta orgánica desde el humanismo a la crueldad del capitalismo salvaje. Desde entonces, aunque con diferentes grados de radicalismo, todo el que se declare socialista, asume una posición crítica respecto al capitalismo.
Debido a que Carlos Marx adoptó el término y mediante sus hallazgos lo dotó de un contenido científico, que endosó la oposición intuitiva al capitalismo salvaje del siglo XIX, iniciando la era de la política desde abajo y de las acciones de masas mediante las cuales las mayorías a explotaron por ellas y para ellas, los preceptos de la democracia liberal asociados a ciertas libertades básicas.
De ese modo, las libertades de pensar, creer, opinar, asociarse, manifestarse y protestar ante las arbitrariedades del poder y reclamar que la burguesía había conquistado para sí y escamoteado a las clases populares, pasaron a ser patrimonio e instrumentos del pueblo. Por una deliciosa paradoja, el socialismo y el marxismo extendieron a la clase obrera y el pueblo los dones del liberalismo.
Aunque según los enfoques impuestos por la literatura política soviética, el marxismo es una especie de ruptura con el pensamiento anterior debida a la genialidad de Marx, Engels y Lenin, lo cierto es que aquellos líderes y sus obras, fueron resultados de la tradición política europea, tronco común del movimiento político que en el siglo XIX dio lugar al republicanismo, el anarquismo, la socialdemocracia, el movimiento socialcristiano, incluso al ala izquierda del liberalismo y a una magnifica pléyade de líderes políticos que, 1864 con Marx fundaron la Asociación Internacional de Trabajadores.
En sus orígenes el Socialismo y el Marxismo fueron un pensamiento y un movimiento plural, ajenos al sectarismo y al exclusivismo ideológico que luego los caracterizaría. Debido a su sólida formación jurídica y a su apego a los enfoques científicos, Carlos Marx fue un luchador por la democracia que nunca consideró un patrimonio de la burguesía, sino un fruto de la cultura humana y el más relevante hallazgo político de todos los tiempos. Francamente nunca he podido imaginar un reformador o a un revolucionario que no fuera también un demócrata.
Existen expresiones que por su belleza y plasticidad son apropiadas para subrayar la grandeza humanista de los ideales socialistas y se prestan para la construcción de metáforas. Desde ese punto de vista no es incorrecto decir que el socialismo es una utopía, como tampoco lo es asumir que el amor nace en el corazón; lo incorrecto es tomar esas afirmaciones al pie de la letra y confundir a las masas insinuando que los luchadores sociales son soñadores que persiguen quimeras sociales. Con un programa así, lo mismo que con uno que promueva la idea de crear una dictadura, aunque sea del proletariado, no hay manera de conquistar a las mayorías.
En sentido estricto, el socialismo es una presunción científica, un proyecto político realista derivado del determinismo científico característico de la Economía Política y, según Marx, una etapa a la que necesariamente conduce el desarrollo de las fuerzas productivas. Esa certeza científica ha dado lugar al optimismo histórico que alimenta el credo de que alguna vez, como resultado del propio desarrollo económico, social y cultural, los diferentes pueblos y la humanidad en su conjunto avanzaran hacía el socialismo.
Semejante convicción, aunque discutida, se expresa ya en logros concretos de las sociedades europeas, incluso en entidades tercermundistas que como ha ocurrido en la India y pudiera suceder próximamente en otros países, luego de derrotar al colonialismo, en eficaz lucha contra la pobreza, avanzan hacia importantes conquistas sociales y materiales sin grandes rupturas sociales.
Naturalmente que también existen los caminos revolucionarios que promueven el cambio a plazos más cortos y pueden también ser exitosos. La pluralidad de formas y de fuerzas, la diferencia en los ritmos, la imaginería táctica y la procedencia de los liderazgos es una de las mejores características del socialismo en su versión moderna.







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