Hoy ya lo padecen los vecinos de Coatepeque, ni hablar de los de Huehuetenango, que la han venido sufriendo desde hace meses. En Quetzaltenango, algunas zonas reciben agua potable solo a ciertas horas. Y esta es una constante en las demás poblaciones del sur occidente guatemalteco. Lo peor, aún falta mucho trecho por recorrer en esta carestía.
En un país con ricos recursos hídricos, es una paradoja que las poblaciones no cuenten con un servicio eficiente y permanente. Pero como todo en la naturaleza, esta pasa factura ante los descuidos de los bosques y la contaminación de los mantos friáticos, así como por la decidía de las autoridades municipales de cada lugar, que por lo visto tienen perdido el concepto de priorizar obras. De nada servirá tener calles adoquinadas o pavimentadas, cuando los ciudadanos tengan sed.
El desperdicio de este recurso natural es también una constante. Aún se ven a personas que lavan sus vehículos con manguera, chorros públicos rebalsando su tanque, gasolineras donde ‘bañan’ los automóviles como un servicio, etc. Las penalidades, si existen, ni se hacen cumplir o dan risa. Y además habrá que agregar la existencia de tuberías rotas bajo el asfalto, que nadie ve, pero que evidentemente afectan la distribución.
Ni hablar de la calidad del agua que se recibe en los hogares. Con basureros que se sientan sobre el manto friático, sin cloración en la mayor parte de municipios de Guatemala, casi ha sido un milagro que no existan epidemias por esta razón.
La falta del agua potable ya se comenzó a sentir, si los gobiernos no hacen nada al respecto, la población debe cuando menos cuidar la que se tiene.







Comentarios